La bofetada

La bofetada en la cara de la sumisa es algo básico de toda sesión. Puede ser hasta el comienzo de ella, pues implica varias cosas muy importantes para el BDSM.

Cuando se da una bofetada quedan muy claros los roles de cada cual. El Amo en su papel de poder; la sumisa humillada y dolorida a la espera de lo que venga. En ese punto de máxima intensidad bedesemera, la atención está al máximo, ambas partes atentas, ambas partes ya excitadas por su papel.

La bofetada en la cara puede hacer o mucho daño o producir alguna lesión. Así que, no hay que tomársela a broma.

Y eso sólo a nivel físico, a nivel mental puede ser peor si la sumisa sufrió maltrato alguna vez en el que estaban incluidas las bofetadas. Y de ser algo positivo en la sesión, desencadenar viejos fantasmas que arruinen la sesión y hasta la relación. Por eso, a parte de estar consensuadas y pactadas, no está de más ir de menos a mas, empezando muy muy suave con ellas.

La bofetada debe darse con los dedos de la mano exclusivamente, ya que la zona adecuada a efectuarla es pequeña. Se debe evitar los ojos, oídos y mandíbula. La sumisa debe permanecer quieta mientras es abofeteada, sino hay riesgo de dañar ojos, oídos o la mandibula.

Una buena forma de darlas, en el caso de que seamos diestros, es sujetar la cara de la sumisa con la mano izquierda para evitar daños en las cervicales. Esto, si va acompañado de una caricia en la mejilla derecha de la sumisa la relaja y le hace ver, que nuestra bofetada no será obra de la ira, sino que estamos tranquilos y sabemos lo que hacemos.

El poder de la bofetada suele ser doble, pues a parte del dolor que provoca, está la humillación que es ser abofeteada. Por eso las considero casi que básicas para cualquier sesión e imprescindibles si se trata de un secuestro fingido.

Dar las bofetadas de revés, suele ser muy peliculero, pero difícil de controlar no dar con los nudillos. Así que, para algo más intenso prefiero abofetear a dos manos, siempre que no se fuerce a girar el cuello a la sumisa en cada bofetada. Ni que decir tiene, que tras las bofetadas, unos mimos y besines en la zona afectada de la sumisa la traerá de vuelta a nosotros. Y hacer besar a la sumisa la mano que la ha abofeteado, suele gustarles; es su sumisión a la mano castigadora y por consiguiente, su entrega a su Amo.

No se debe abofetear o muy flojo, si la sumisa lleva lentillas, aparato dental, infección en boca o oídos, lleva mordaza o te la está chupando; tu colita peligra aun sin querer ella, por el roce con los dientes.

A mi sumisa hana, no le gustaban nada de nada las bofetadas, es más, la mirada que me dirigió con la primera bofetada que le di, fue matadora; ahora las soporta muy bien, es una buena sumisa mi perrilla. Besos mi perra.